Sanatorio San Carlos
 
  Autismo corto

¿De qué hablamos cuando hablamos de autismo?

El autismo es un trastorno del desarrollo que comienza en la primera infancia. Los niños autistas son niños con dificultades en la comunicación y en la interacción social tan importantes que limitan el funcionar cotidiano.

Trastorno de la comunicación
Si bien el retraso del lenguaje es muchas veces el motivo de consulta y derivación, es la utilización del lenguaje como medio de comunicación social el que se encuentra particularmente alterado. Son niños que tienden a evitar el contacto visual y donde las expresiones faciales no reflejan los estados de ánimo. Es frecuente que los padres no puedan recordar en los primeros meses de vida, la conocida ?sonrisa social?.
Se expresan en forma monótona, monocorde, usando palabras formales. Hablan en tercera persona, con lenguaje neutro como si fueran extranjeros. Pueden repetir la misma cosa una y otra vez, incluso frases dichas por otras personas, momentos antes o mucho tiempo atrás (ecolalia).

Alteración de la interacción social
No suelen interesarse por otros niños. Les cuesta iniciar contacto y mantener el que comenzaron otros (agregar algo para que la conversación pueda continuar, preguntar lo que piensa o le gusta al otro).
Muchas veces los papás, que presenciaron todos sus gestos y aprendizajes, se dan cuenta de una cualidad diferente de su hijo, pero no es hasta que alguien (pediatra, maestro, familiar) les llama la atención o lo comparan con otros niños de su edad (al comenzar el jardín o el preescolar), que cobra relevancia significativa.
El poco o ningún interés que suelen mostrar en compartir las alegrías y los logros (atención conjunta, señalamiento compartido, búsqueda de la sonrisa aprobatoria) suele ser la clave en la sospecha diagnóstica. Estos indicadores deben ser buscados sistemáticamente en la consulta pediátrica, ya que actúan como banderas rojas para una evaluación más completa y permiten un diagnóstico temprano.

El juego
La observación del juego es muy importante como reflejo de la imaginación, imitación y simbolismo. Por supuesto que el juego va cambiando y evolucionando con la edad. Los niños con autismo suelen explorar a través de los sentidos más primitivos (chupan los juguetes o los huelen). Están más interesados en partes o cualidades de los juguetes que en los juguetes en sí mismos (las ruedas en vez del auto, por ejemplo).
Muchas veces no juegan a imitar acciones cotidianas como planchar, cocinar y barrer. Más adelante, suele faltar el juego espontáneo e imaginativo (haciendo interactuar a los juguetes como representación de personas, creando historias y situaciones variadas). Son solitarios, sin inclusión de otros niños o adultos en el juego propio. Y, cuando alguien quiere sumarse, no se muestran interesados en entender qué es lo que se está haciendo o simulando.

Comportamiento, intereses y actividades restringidas
Nos referimos a la presencia de intereses que resultan raros por lo inusuales (líneas de colectivos, guías de teléfono) o por su intensidad, ocupándoles mucho tiempo que no tienen un carácter social y suelen interferir con otras actividades.
Tienen gran preocupación por mantener rituales y rutinas, -como si se sintieran obligados a repetirlos de una determinada manera-, con evidente malestar ante cambios y también ante sutiles modificaciones en su casa (el lugar donde sentarse en la mesa, cambiar la disposición de los muebles, etc.).
Es muy común que presenten movimientos repetitivos y estereotipados de las manos u otras partes del cuerpo, como aleteos al ponerse contentos, movimientos de las manos frente la cara, balanceo del cuerpo como si se hamacaran.
Pueden reaccionar en forma poco habitual ante estímulos: ya sea porque parecen no registrarlos (indiferencia hacia sonidos, dolor o temperaturas extremas), porque responden en forma exagerada (se tapan los oídos ante ruidos, les molesta el roce de texturas y rechazan olores) o tiene fascinación por luces u objetos que giran.

!! La importancia del diagnóstico precoz
En los niños, siempre debemos tener en cuenta la capacidad de aprendizaje, plasticidad y potencialidad, especialmente en los años más tiernos e importantes de la infancia. En todos los casos, aún en los más severos, existe posibilidad de tratamiento y cuanto más precoces sean las intervenciones, más simple será recuperar la trayectoria esperada para el desarrollo o bien optimizar las capacidades.

Diagnóstico. Un desafío en equipo
El diagnóstico de trastorno del espectro autista debe contemplar todo este abanico de manifestaciones, entendiendo la singularidad de cada niño como un ser único inmerso en una familia y en la sociedad.
Cuando tratamos de entender los por qué del autismo, tenemos siempre que considerar una predisposición genética y un entorno que ?gatilla? una vulnerabilidad.
Hay algunas enfermedades genéticas y síndromes neuro-cutáneos que se sabe que cursan con autismo, mientras que otros aún están en estudio. En algunos casos, son las infecciones, medicaciones o tóxicos durante el embarazo, el antecedente de hipoxia-isquemia o encefalopatía epiléptica (Síndrome de West) lo que actuaría como entorno favorecedor. Existe también una pequeña proporción de niños con autismo como manifestación de una enfermedad metabólica.
Es hacia el diagnóstico de estos casos que se orientan los estudios. También es importante identificar comorbilidades (epilepsia, alteraciones motoras, trastornos del sueño, etc.).

Tratamiento. Un trabajo multidisciplinario con eje en un niño ?distinto?
Como siempre en pediatría, son los padres y las familias de estos niños quienes harán posible -en mayor o menor medida-, el desarrollo de habilidades sociales, capacidad de hacer amigos, compartir, entender relaciones y fomentar la autonomía. Los pediatras, neurólogos, psicólogos, psiquiatras, fonoaudiólogos y otros terapistas debemos acompañar, guiar, supervisar e intervenir para ayudar a estos niños a tener algunas de las cosas más preciadas que existen: las relaciones significativas con otras personas.


Servicio de pediatría SSC
Dra. Elisa Pérez
Neuróloga infantil
MN 109.894 / MPRN 5919



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